Este viernes 14 de noviembre, a las 19:30 horas, Estepona inauguró un nuevo espacio museístico que celebra la relación milenaria entre la comunidad local y el océano Mediterráneo. El Museo del Mar, ubicado en la Plaza de Toros, alberga la colección reunida por Miguel López Mateo, un coleccionista apasionado que durante décadas rescató herramientas, instrumentos y recuerdos que cuentan la historia de la pesca artesanal, la navegación y los oficios marítimos que han definido la identidad esteponera.
Una colección forjada a lo largo de siete década
El puerto de Estepona no es solo un lugar de atracaderos y descargas. Desde épocas fenicias, cuando prosperaban las fábricas de salazones, hasta el desarrollo contemporáneo del turismo, esta costa ha sido testigo de transformaciones profundas en la vida económica y cultural de la región. La industria pesquera fue determinante en la configuración de la ciudad hasta bien entrada la década de 1960, cuando comenzó el lento declive de la pesca frente a la irrupción del turismo. Hoy, aunque la flota pesquera ha reducido su relevancia económica, sigue siendo parte integral de la identidad local: más de 75 embarcaciones operan desde el puerto, convirtiendo a Estepona en el segundo puerto en número de registros de la provincia de Málaga.
En este contexto histórico emerge la colección reunida por Miguel López Mateo (1939-2023), natural del barrio malagueño de El Bulto, descendiente de una familia de marineros y buzos. Desde niño, López Mateo se sintió atraído por los misterios del mar y los secretos guardados en los objetos que navegaban o buceaban con los pescadores. Durante 70 años, recorrió lonjas, puertos abandonados y colecciones particulares rescatando instrumentos náuticos dañados por el tiempo, restaurándolos con meticulosidad y clasificándolos según su función histórica. Su dedicación transformó lo que pudo haber sido únicamente recuerdos personales en un testimonio vivo de la evolución tecnológica y cultural de la navegación mediterránea.

Cuando las herramientas cuentan historias más allá de su función
El museo no presenta sus fondos como un catálogo de curiosidades, sino como un viaje narrativo a través de cinco siglos de ingenio humano. Cada objeto expuesto representa una solución a un problema ancestral: cómo orientarse sin GPS, cómo comunicarse en el mar, cómo sobrevivir bajo el agua cuando aún no existía la tecnología moderna.
Entre las piezas más notables se encuentra una bitácora de 1876 con una Rosa de los Vientos original dibujada en papel. Esta joya rara mundial está preservada en condiciones casi perfectas, lo que la convierte en un objeto de valor incalculable para investigadores navales de todo el planeta. El libro de navegación registraba rutas, profundidades, avistamientos y eventos del viaje, y esta particular Rosa de los Vientos es considerada una de las pocas en el mundo que se conserva óptimamente para el análisis académico.
Otro testimonio extraordinario es el telégrafo de finales del siglo XIX, similar al que operaba en el Titanic. Lo singular es que se trata del único ejemplar conocido con inscripciones en castellano, circunstancia que lo eleva a categoría de pieza excepcional en la historia naval internacional. Fue un instrumento de comunicación vital, permitiendo que los capitanes enviaran mensajes urgentes en momentos críticos.
El grafómetro del siglo XVIII, firmado por el célebre fabricante francés Claud Langlois, ejemplifica la precisión técnica que los navegadores medievales alcanzaron. Este instrumento de medición angular fue esencial para calcular ángulos de observación y orientarse según los astros.
El último diario de bitácora del buque Joaquín Mumbrú ofrece un testimonio directo de la Primera Guerra Mundial. El barco fue hundido en 1917 por el submarino alemán US3, y sus registros finales documentan la navegación mercante durante el conflicto global. Este documento transforma números y observaciones en un relato humano de navegantes que no sabían que escribían sus últimas palabras profesionales.
La corredera de barquilla española es fundamental para entender cómo los marineros midieron velocidad antes de la era moderna. Este instrumento fue clave en la definición del nudo como unidad de velocidad marítima, un hito en la evolución de la navegación que conecta directamente con el avance tecnológico de toda Europa.
Complementan la colección sextantes y astrolabios coloniales, herramientas que guiaron las travesías atlánticas del siglo XVIII, así como escafandras rígidas y trajes de buceo asistido, junto a bombas manuales de aire del siglo XIX, que documentan los primeros pasos del buceo profesional y la constante aspiración humana por explorar el mundo submarino.
¿Necesita hacer publicidad para su negocio? Infórmese aquí
El patrimonio conservero de Estepona encuentra voz
Estepona no solo fue puerto de pescadores, sino también centro importante de transformación y conserva de productos marinos. Hasta los años 40 del siglo XX, decenas de fábricas conserveras operaban en el litoral, desde el puerto esteponero hasta Fuengirola, empleando a centenares de trabajadores. Las mujeres conserveras, oficiales especializadas en la salazón, secado y enlatado de pescado, ejercían un oficio hoy desaparecido que sustentaba la economía familiar. El museo dedica un espacio específico a estas profesionales, cuya contribución fue fundamental pero a menudo ignorada en las narrativas históricas de la pesca.
Entre los objetos expuestos figuran latas antiguas de conservas esteponeras, maquetas de embarcaciones locales como la jábega (embarcación pesquera malagueña por antonomasia, inscrita en 2008 en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como actividad de interés etnológico), y fotografías de astilleros locales que ya no existen. Estos elementos permiten a visitantes y investigadores comprender cómo la pesca no era un oficio aislado, sino una cadena económica que implicaba construcción naval, técnicas de conservación, mercadotecnia y comercio internacional.
Un espacio vivo para el aprendizaje emocional
El concejal de Patrimonio Histórico de Estepona, Daniel García, subraya que esta no es solo una inauguración de museo: es un reconocimiento público de la historia colectiva que forma parte de la identidad esteponera. «No solo estamos inaugurando un museo, sino que estamos reconociendo públicamente el valor de una historia colectiva que forma parte de nuestra identidad como ciudad costera», declaró.
El diseño del espacio refleja una vocación claramente didáctica, divulgativa y emocional. No se trata únicamente de mostrar cómo se navegaba históricamente, sino de explicar por qué era necesario, qué desafíos enfrentaban los marineros y cómo la tecnología evolucionó como respuesta a esos desafíos. Para los escolares, se han diseñado secciones interactivas y contenidos educativos adaptados que abordan la navegación tradicional, la pesca artesanal y los oficios marítimos ya desaparecidos.
A lo largo del año, el museo albergará talleres, conferencias, exposiciones temporales y visitas guiadas centradas en la historia marítima del litoral andaluz. Se espera que este espacio se convierta en punto de referencia para investigadores, educadores, turistas y familias interesadas en comprender cómo la tradición marinera ha moldeado la identidad de la Costa del Sol Occidental.
Contexto en una ciudad con raíces milenarias
Estepona no es una creación moderna. Sus orígenes se remontan a tiempos remotos, con evidencias de ocupación fenicia y romana, seguida por la construcción medieval de la medina (inicialmente llamada Istibūna) en los siglos X-XI. Sin embargo, fue desde el siglo XVI en adelante cuando la ciudad consolidó su carácter marítimo, con la construcción de torres almenaras para vigilar la costa frente a ataques piratas. Durante los siglos XVIII y XIX, mientras la viticultura generaba prosperidad, la pesca artesanal proporcionaba subsistencia estable a cientos de familias.
Los barrios pesqueros de Estepona, construidos en los años 50 como iniciativa estatal para resolver el déficit habitacional de pescadores, se convirtieron en referentes identitarios y espacios de vida social y cultural. Aunque han sido transformados por la presión inmobiliaria, conservan fragmentos de arquitectura vernácula que testimonian esa época. El puerto pesquero actual, renovado y modernizado, sigue siendo el corazón operacional de la actividad pesquera local, con su lonja (renovada en 2011) como segundo centro de ventas a nivel provincial.
Información práctica para visitantes
El Museo del Mar abrirá sus puertas al público a partir de la inauguración de este viernes 14 de noviembre a las 19:30 horas. A partir de entonces, el horario de visita será de martes a sábado de 09:00 a 15:00 horas, permaneciendo cerrado domingos, lunes y festivos. El acceso es a través de la Plaza de Toros, donde se ubican también otros espacios museísticos municipales con colecciones etnográficas, taurinas y paleontológicas.
El museo marca un hito cultural en Estepona: reconoce que la ciudad no es solo un destino turístico contemporáneo, sino un lugar con profundas raíces históricas donde el mar ha sido, es, y seguirá siendo protagonista en la vida de sus habitantes. La colección de Miguel López Mateo transforma lo personal en patrimonio colectivo, permitiendo a las nuevas generaciones conectar emocionalmente con los desafíos, ingenio y tradición de sus antepasados marineros.






