El Hospital de Estepona (HAR) representa una paradoja sanitaria que ejemplifica los problemas estructurales del sistema de salud andaluz. Cuatro años después de su inauguración, este centro de 38 habitaciones y tres quirófanos opera como un ambulatorio glorificado: sin camas hospitalarias activas, sin cirugías y con urgencias nocturnas que funcionan a medio gas, derivando pacientes a Marbella en plena madrugada.
Una infraestructura millonaria sin explotar
El edificio, financiado íntegramente por el Ayuntamiento de Estepona con 15 millones de euros y cedido gratuitamente a la Junta de Andalucía, fue diseñado para descongestionar la saturada Costa del Sol Occidental. Las previsiones iniciales prometían 85.000 consultas, 91.000 urgencias y 4.000 cirugías anuales para atender a los más de 100.000 habitantes de Estepona, Manilva y Casares, población que se multiplica exponencialmente en temporada alta.
La realidad actual es radicalmente distinta. Mientras el Servicio Andaluz de Salud (SAS) exhibe casi 394.000 «actos sanitarios» desde 2021 —una métrica administrativa cuya definición exacta permanece opaca—, las instalaciones más críticas permanecen cerradas. Los tres quirófanos, equipados y listos, no han visto una cirugía programada desde el verano de 2023. Las 38 habitaciones, preparadas para hospitalización, permanecen vacías mientras los pacientes que requieren ingreso deben desplazarse 30 kilómetros hasta Marbella.
El argumento del «déficit de profesionales»: ¿excusa o realidad?
La justificación oficial del SAS se resume en tres palabras: «déficit de profesionales». Sin embargo, esta explicación genera más interrogantes que respuestas. ¿Por qué un hospital nuevo, en una de las zonas con mayor crecimiento demográfico de Andalucía, no puede atraer personal sanitario? ¿Qué categorías profesionales faltan específicamente? ¿Cuántas plazas están autorizadas versus cubiertas?
La opacidad informativa es notable. A pesar de las solicitudes de transparencia, el SAS no ha proporcionado datos desglosados sobre plantilla autorizada, vacantes actuales o planes concretos de contratación. Esta falta de transparencia alimenta las sospechas de sindicatos como el Sindicato Médico de Málaga (SMM) y SATSE, que denuncian restricciones presupuestarias deliberadas mientras se incrementan los conciertos con la sanidad privada.
¿Necesita hacer publicidad para su negocio? Infórmese aquí
El coste humano de la infrautilización
Detrás de las cifras y los comunicados oficiales hay una realidad cotidiana preocupante. Los residentes de Estepona que sufren una emergencia nocturna y requieren pruebas diagnósticas complejas deben ser trasladados al Hospital Costa del Sol, perdiendo tiempo crítico en desplazamientos. Las familias con pacientes ingresados enfrentan trayectos diarios a Marbella, con el consecuente impacto económico y emocional.
Esta situación se agrava en verano, cuando la población se triplica y el Hospital Costa del Sol ya opera al límite de su capacidad. El resultado es un efecto dominó: saturación en Marbella, listas de espera crecientes y deterioro generalizado de la atención sanitaria en toda la comarca.
Un patrón provincial preocupante
El caso de Estepona no es aislado. El verano de 2025 ha evidenciado una crisis sistémica en la sanidad malagueña, con cierres de camas y reducción de consultas en múltiples hospitales. La estrategia de «apertura progresiva» del HAR de Estepona, que ya lleva cuatro años en marcha sin fecha concreta para su culminación, refleja un modelo de gestión que prioriza los anuncios políticos sobre la planificación sanitaria efectiva.

También podría interesarle: El Ayuntamiento de Estepona acusa al PSOE de impedir la construcción de 1.500 viviendas de VPO
El futuro incierto
Mientras el Ayuntamiento recuerda que cumplió su parte —financiar y ceder el edificio—, y la Junta defiende una actividad que en realidad se limita a consultas y pruebas diagnósticas básicas, los ciudadanos continúan esperando. Las concentraciones vecinales y las cartas de protesta se acumulan desde 2023, pero no hay calendario, no hay fechas, no hay compromisos verificables.
El Hospital de Estepona simboliza así una tendencia inquietante: infraestructuras sanitarias públicas construidas con dinero público que operan muy por debajo de su capacidad mientras la demanda asistencial crece y la sanidad privada florece. Un centro en estado de hibernación permanente que, paradójicamente, está lleno de potencial desaprovechado, esperando unos profesionales que nadie parece decidido a contratar y unos servicios que nadie se atreve a garantizar con fechas concretas.
La pregunta fundamental permanece sin respuesta: ¿cuánto tiempo más puede la Costa del Sol Occidental sostener esta ficción de un hospital que no hospitaliza, de quirófanos que no operan, de una promesa sanitaria perpetuamente pospuesta?